Agua con sentido común

Con la voluntad de contribuir a la concienciación de la ciudadanía y a estimular la acción correcta de los gestores públicos sobre la problemática del agua, desde la vertiente de una gestión eficiente y sostenible de la cantidad del recurso y su calidad, así como de su acceso justo, se presenta este Manifiesto.

EL CONTEXTO GLOBAL: EL RETO DEL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL AGUA EN LOS ODS DE NACIONES UNIDAS

El calentamiento global es una realidad inequívoca para la ciencia del clima, visible en el aumento de temperaturas, la subida del nivel del mar y el deshilo de los glaciares, tal como ha expresado el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, 2014, 2018).

En un planeta cálido llueve más globalmente, debido a que se refuerza el ciclo del agua, pero la dinámica atmosférica hace que la distribución de la lluvia sea irregular, con las zonas subtropicales y otras, como el caso de la cuenca mediterránea, con una tendencia a la disminución. En todo caso, a pesar que la precipitación en la Mediterránea fuera la misma, el calentamiento incrementa la evaporación y la transpiración vegetal, disminuyendo, finalmente, el recurso hídrico en superficie.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcan la hoja de ruta para la implementación de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, aprobada el 25 de septiembre de 2015. El número 6 de estos objetivos es conseguir el acceso universal y equitativo al agua y a los servicios de saneamiento e higiene adecuados a un precio accesible para todos. Mejorar la calidad del agua. Aumentar substancialmente el uso eficiente de los recursos hídricos en todos los sectores y asegurar la sostenibilidad de la extracción y el aprovisionamiento de agua dulce protegiendo y reestableciendo los ecosistemas relacionados con el agua. Para conseguirlo hace falta desarrollar la cooperación internacional en actividades y programas vinculados con el agua y el saneamiento.

EL ACCESO FUTURO AL AGUA EN CATALUÑA

Nuestra capacidad de resiliencia al cambio climático dependerá, en buena parte, de la gestión que hagamos de nuestras reservas de agua. Una gestión que, para ser sostenible, para que atienda nuestras necesidades actuales sin embargar las de las generaciones futuras, se tiene que basar en la colaboración.

En el caso de Cataluña, el aumento de temperatura, con el consiguiente incremento de la evapotranspiración y el probable descenso de la precipitación, así como cambios en el régimen temporal, conducen a una disminución de recursos hídricos, que los modeles climáticos contemplan que se agravará en las próximas décadas.

Según lo que recoge el Tercer Informe sobre el Cambio Climático en Cataluña (2016), coordinado por el Consell Assessor pel Desenvolupament Sostenible de la Generalitat de Catalunya (CADS), el cambio climático puede comportar también el aumento de la frecuencia de eventos externos (como sequías u olas de calor) en nuestra casa.  

El número de periodos de sequía en Cataluña durante la segunda mitad del siglo XX presenta una tendencia significativa hacia un incremento. Los efectos de estas sequías no solo tendrán un impacto en la cantidad de agua disponible, sino que también afectaran su calidad a causa del aumento de temperatura y la disminución del caudal de los ríos.

Igualmente, las condiciones de sequedad, déficit hídrico y aridez del área de Barcelona han aumentado en los últimos 30 años y, particularmente, en los últimos 20. Este resultado es coherente con las conclusiones de los estudios realizados en otras regiones de la cuenca de la Mediterránea

Es previsible que las principales fuentes de abastecimiento hídrico convencionales del litoral dispondrán de menos agua y, seguramente, será de menor calidad.  Según el mencionado Informe, las restricciones de agua o la mala calidad de ésta pueden afectar negativamente la imagen y la competitividad de las destinaciones turísticas,  tal como testimonian las recientes crisis en el servicio de aguas sufridas en algunas ciudades mediterráneas, hecho que redujo sensiblemente la llegada de visitantes a estas destinaciones.

EL AGUA EN EL ÁMBITO LOCAL

La gestión del agua es uno de los ámbitos de la gobernanza municipal que exige mayor responsabilidad por parte de todos. Una gestión que, por resultar en tiempos de escasez e incertidumbre climática, se tiene que basar más que nunca en la colaboración y el trabajo en común a partir de tres premisas básicas: sentido común, responsabilidad y solidaridad. Esto nos posibilitará avanzar hacia un modelo que nos permita evitar la incertidumbre y asegurarnos el acceso cómodo, seguro y universal al agua potable y de saneamiento. Un modelo de gestión solidario y sostenible, basado en el uso eficiente del recurso y el compromiso con la sociedad y el medio ambiente.

Sentido común a la hora de optar por un sistema que garantice el acceso universal de toda la población al agua potable, tal como establece la Resolución 64/292 de la Asamblea General de las Naciones Unidas que reconoce explícitamente el derecho humano al agua potable y de saneamiento. Pero que mantenga a la vez los más altos niveles de eficiencia en el servicio y de responsabilidad medioambiental para preservar el entorno y garantizar un uso sostenible del recurso.  

Responsabilidad para que el aprovisionamiento sea suficiente y continuo para satisfacer las necesidades básicas de agua entre la población: beber, mantener una correcta higiene personal, limpiar la ropa, preparar y cocinar los alimentos o hacer la limpieza del hogar, entre otras. Unas tareas que, de acuerdo con lo que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), requieren la ocupación de 50 a 100 litros de agua por persona y día. Un servicio que tiene que ser constante, seguro, eficaz y al alcance de todos.

Solidaridad para abastecer a la población de un agua saludable y sometida a los más estrictos controles de seguridad: un suministro libre de los microorganismos, substancias químicas y peligros radiológicos que constituyen una amenaza directa a la salud humana.  Y para que su acceso sea asequible para todos, por lo que, según establece el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el coste del agua no tiene que superar el 3% de los ingresos de hogar.

Por todo esto, la prioridad en la gestión del agua tiene que ser continuar garantizando el acceso de todos los ciudadanos al servicio, incluso de aquellos que no puedan pagarlo. Una cosa que exige ​​mantener y reforzar la actual red de equipamientos de captación, potabilización, transporte, almacenaje, distribución, alcantarillado, depuración, reutilización y restitución al medio ambiente que hemos ido desarrollando a lo largo de todos estos años.

En este tiempo de propuestas políticas, sería deseable dejar de lado las ideologías y llegar a un gran acuerdo que garantice el acceso al agua mediante una gestión eficiente y medioambientalmente responsable, que preserve el derecho universal al agua de todos los ciudadanos, así como la necesidad de preservar los ecosistemas acuáticos y la biodiversidad que acogen.

Más allá de debatir modelos, es tiempo de reforzar alianzas, entre administraciones públicas y expertos, para garantizarnos el acceso al agua desde el respeto al medioambiente. Y esto es una cosa que solo se puede conseguir desde el conocimiento compartido, el trabajo en red, el uso de las tecnologías más avanzadas y el compromiso de todos para superar los retos que tienen que venir y prestar el mejor servicio a la sociedad.  

Campañas como Making Cities Resilient (2010-2015), de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres (UNISDR), que pretende desarrollar soluciones innovadoras para reducir los riesgos asociados a los efectos del cambio climático por medio de la gobernanza, la sensibilización, la provisión de herramientas, la colaboración y el compromiso de trabajar para unos objetivos comunes; o redes como la C40 Cities Climate Leadership Group, y el Pacto de Alcaldes y Alcaldesas por el Clima y la Energía, ofrecen fórums de intercambio de experiencias, colaboración y conocimiento compartido para gestionar y medir la acción climática y desarrollar estrategias para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero. Esto es muy necesario en nuestra casa, debido a que, según datos de la Oficina Catalana del Canvi Climàtic, las emisiones del ciclo urbano del agua a las redes urbanas en Cataluña es de 395 g CO2 equiv./m3 de agua consumida. El reto es continuar mejorando la eficiencia de los servicios del agua para reducir estas emisiones.

Pongamos todo el sentido común posible para ganar un futuro hídrico eficiente, justo y sostenible.

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